El menú social no está configurado. Necesitas crear el menú y asignarlo al «Menú social» en los ajustes de menús.

El Brasil de Bolsonaro. Reflexiones desde Tiempo Argentino 
cuyo autor es Ricardo Romero.
Para quienes quiere conseguirlo, podrán adquirirlo por en el siguiente Link: https://articulo.mercadolibre.com.ar/MLA-931796935-el-brasil-de-bolsonaro-reflexiones-desde-tiempo-argentino-_JM#&gid=1&pid=2
Contacto: Envía un mensaje a La Vanguardia On Line por WhatsApp. https://wa.me/message/TF4ZCJ34XD7DL1
octubre 24, 2021

La Vanguardia On Line

Espacio multimedial de Reflexión y Análisis de la Realidad Contemporánea

«Citizen Kane»por Orson Welles (1941)

¿A qué se debe su valor en la historia del cine?

Por Pablo Alvarez y Verónica Baston

«Citizen Kane» por Orson Welles – 1941

Además del uso de grandes angulares, profundidad de campo, la técnica narrativa del flashback o salto al pasado, Ciudadano Kane supuso una especie de crítica al uso de la prensa por los poderosos.
Un primero de mayo pero de 1941 se estrenó la película Ciudadano Kane del director, actor, productor y guionista Orson Welles, 77 años después la cinta sigue considerándose una obra maestra que dividió la historia del cine norteamericano.

Ciudadano Kane: ¿Una crítica al poder de la prensa?

Welles que dirigió y actuó en la película con sólo 26 años plasmó la relación entre el poder y los medios de comunicación; el personaje principal Charles Foster Kane utiliza su
periódico Inquirer con fines propagandísticos a favor de campañas de interés personal y como herramienta para acabar con sus enemigos.

«La enorme influencia que la prensa tiene en los ciudadanos fue el principal motivo que impulsa a Kane a comprar el diario Inquirer, pensando inicialmente en dar voz al pueblo», reseñó Andrés Maestre en su bitácora de periodismo citado por El Telégrafo.
Maestre agrega: «La gran importancia que tiene lo que se publica se refleja en la obsesión que muestra el protagonista con revisar personalmente todos los artículos».

Expertos concuerdan en que Foster es una caricatura del empresario
norteamericano William Randolph Hearst, que controlaba los diarios Examiner y Morning Journal y que en 1898 precipitó la declaración de guerra hecha por EE.UU. a España.

¿Cómo sucedió esto?

El 25 de abril de 1898 el acorazado Maine de la marina estadounidense se hundió en la bahía de La Habana debido a una explosión fortuita.
Hearst envió al lugar al dibujante Frederick Remington, quien una vez allí constató que no había nada extraño de lo que dar noticia y que el hundimiento no podía atribuirse a la guerra con España por lo que envió un telegrama: «Todo está en calma. No habrá guerra. Quiero volver», Hearst contestó: «Usted facilite las ilustraciones que yo pondré la guerra».

¿Por qué Ciudadano Kane resultó innovadora para la época?

La utilización de la técnica narrativa del flashback o salto al pasado, la inclusión del espectador en la trama, los movimientos de cámara, posicionamientos y angulaciones, así como el sonido y el montaje hacen de la película uno de los mejores largometrajes estadounidenses de la historia del cine, ratificado por el Instituto de Cine Americano (American Film Institute).

«Aparte de su intachable guión, que aborda temas como la futilidad vital, la nostalgia, el valor de la sencillez o la ambición, Ciudadano Kane deparó multitud de avances técnicos como una elaborada puesta en escena, la utilización detallada del gran angular y la profundidad de campo, la fluida capacidad para mover la cámara más allá del encuadre, el genial uso del montaje o su innovador empleo del sonido como engranaje narrativo», cita la web de cine Alohacriticón.

El Ciudadano – por Jorge Luis Borges

Citizen Kane (cuyo nombre en la República Argentina es El Ciudadano) tiene por lo menos dos argumentos. El primero, de una imbecilidad casi banal, quiere sobornar el aplauso de los muy distraídos. Es formulable así: un vano millonario acumula estatuas, huertos, palacios, piletas de natación, diamantes, vehículos, bibliotecas, hombres y mujeres; a semejanza de un coleccionista anterior (cuyas observaciones es tradicional atribuir al Espíritu Santo) descubre que esas misceláneas y plétoras son vanidad de vanidades y todo vanidad, en el instante de la muerte, anhela un solo objeto del universo ¡un trineo debidamente pobre con el que en su niñez ha jugado! El segundo es muy superior. Une al recuerdo de Koheleth el de otro nihilista: Franz Kafka. El tema (a la vez metafísico y policial, a la vez psicológico y alegórico) es la investigación del alma secreta de un hombre, a través de las obras que ha construido, de las palabras que ha pronunciado, de los muchos destinos que ha roto. El procedimiento es el de Joseph Conrad en Chance (1914) y el del hermoso film The Power and the Glory: la rapsodia de escenas heterogéneas, sin orden cronológico. Abrumadoramente, infinitamente, Orson Welles exhibe fragmentos de la vida del hombre Charles Foster Kane y nos invita a combinarlos y a reconstruirlo.

Las formas de la multiplicidad, de la inconexión, abundan en el film: las primeras escenas registran los tesoros acumulados por Foster Kane; en una de las últimas, una pobre mujer lujosa y doliente juega en el suelo de un palacio que es también un museo, con un rompecabezas enorme. Al final comprendemos que los fragmentos no están regidos por una secreta unidad: el aborrecido Charles Foster Kane es un simulacro, un caos de apariencias (corolario posible, ya previsto por David Hume, por Ernst Mach y por nuestro Macedonio Fernández: ningún hombre sabe quién es, ningún hombre es alguien). En uno de los cuentos de Chesterton – The Head of Caesar, creo -, el héroe observa que nada es tan aterrador como un laberinto sin centro. Este film es exactamente ese laberinto.

Todos sabemos que una fiesta, un palacio, una gran empresa, un almuerzo de escritores o periodistas, un ambiente cordial de franca y espontánea camaradería, son esencialmente horrorosos; Citizen Kane es el primer film que los muestra con alguna conciencia de esa verdad.

La ejecución es digna, en general, del vasto argumento. Hay fotografías de admirable profundidad, fotografías cuyos últimos planos (como las telas de los prerrafaelistas) no son menos precisos y puntuales que los primeros.
Me atrevo a sospechar, sin embargo, que Citizen Kane perdurará como «perduran» ciertos films de Griffith o de Pudovkin, cuyo valor histórico nadie niega, pero que nadie se resigna a rever. Adolece de gigantismo, de pedantería, de tedio. No es inteligente, es genial: en el sentido más nocturno y más alemán de esta mala palabra.

Jorge Luis Borges – Revista Sur No 83, agosto de 1941.-

«Citizen Kane»
Intérpretes: Orson Welles (Charles Foster Kane), Joseph Cotten (Jedidiah Leland / Reportero de noticiario), Dorothy Comingore (Susan Alexander), Agnes Moorehead (Mrs. Mary Kane), Ruth Warrick (Emily Norton Kane), Ray Collins (Boss James ‘Jim’ W. Gettys), Erskine Sanford (Herbert Carter / Reportero de noticiario), Everett Sloane (Señor Bernstein), George Coulouris (Walter Parks Thatcher), William Alland (Jerry Thompson / Narrador de «News on the March»), Paul Stewart (Raymond), Fortunio Bonanova (Matisti),
Origen: Estados Unidos
Año: 1941
Director: Orson Welles
Guión: Orson Welles, Herman J. Mankiewicz y John Houseman (no figura en la ficha técnica)
Producción: Mercury Productions – RKO Radio Pictures
Música: BH
Montaje: Robert Wise
Duración: 119 minutos.